Sopaipillas Chilenas con Almíbar de Chancaca: Un Clásico Reconfortante
Hay recetas que alimentan el cuerpo, y otras que también alimentan los recuerdos. Para mí, estas sopaipillas con almíbar de chancaca pertenecen a ese segundo grupo. Era una de las recetas de mi papá, de esas que anunciaban que el invierno había llegado de verdad. Bastaba con que comenzara a llover para saber que, en algún momento de la tarde, la cocina se llenaría del aroma de las sopaipillas recién fritas y del dulce perfume de la chancaca con canela.
Mientras el almíbar hervía lentamente y las sopaipillas se doraban una a una, todos terminábamos reuniéndonos alrededor de la mesa. No era solo una receta; era una tradición familiar, un momento para conversar, reír y disfrutar juntos. Con los años entendí que esos pequeños rituales son los que permanecen en la memoria mucho después de que el plato queda vacío.
Hoy quiero compartir contigo esa misma receta. La que preparaba mi papá, respetando su sencillez y ese sabor tan casero que convierte cualquier tarde de lluvia en un recuerdo inolvidable.
¡Anímate a preparar esta delicia tradicional!
Ya sea para una tarde lluviosa o simplemente para disfrutar de un capricho casero, las sopaipillas con almíbar de chancaca son una opción infalible. Sigue esta receta y sorpréndete con su sabor.
Tiempos y Porciones
- Tiempo de preparación: 30 minutos
- Tiempo de cocción: 15 minutos
- Porciones: 10-12
Ingredientes
Para las sopaipillas tradicionales:
- 1 kilo de harina
- 1 cucharada de sal
- 2 cucharadas de aceite de oliva
- 1 cucharada de polvos de hornear
- 2 tazas de agua caliente
- Aceite para freír
Para las sopaipillas con zapallo:
- 750 g de harina
- 250 g de zapallo cocido y molido
- 1 cucharada de sal
- 2 cucharadas de aceite de oliva
- 1 cucharada de polvos de hornear
- 1 taza de agua caliente (ajustar según la humedad del zapallo)
- Aceite para freír
Para el almíbar de chancaca:
- 3/4 taza (150 g) de chancaca
- 3 tazas (600 ml) de agua
- 1 taza (200 g) de azúcar granulada
- 1 palito de canela
Paso a Paso
Preparar las sopaipillas:
- Amasar la masa: En un bol grande, mezcla todos los ingredientes y amasa con una batidora eléctrica (usando los accesorios para masa) hasta que se despegue de los bordes por sí sola. También puedes hacerlo a mano hasta obtener una masa suave y elástica.
- Estirar y cortar: Sobre una superficie enharinada, estira la masa con un uslero hasta que tenga un grosor de aproximadamente 4 mm. Luego, con un cortador redondo o un vaso, corta círculos y pínchalos con un tenedor para que no se inflen al freír.
- Freír: Calienta abundante aceite en una sartén grande. Fríe las sopaipillas hasta que estén doradas por ambos lados. Retíralas y escúrrelas sobre papel absorbente.
Preparar el almíbar de chancaca:
- En una olla, coloca la chancaca, el agua, el azúcar y el palito de canela.
- Cocina a fuego medio hasta que la chancaca se disuelva y el líquido tome la consistencia de un almíbar ligero.
- Retira del fuego y mantén caliente.
Servir:
- Puedes bañar las sopaipillas en el almíbar caliente o servirlo aparte para untar según el gusto de cada comensal.
Variaciones
- Para una versión más tradicional, agrega zapallo cocido y molido a la masa.
- Puedes aromatizar el almíbar con cáscara de naranja o clavos de olor.
- Si prefieres una opción salada, sírvelas sin almíbar y acompáñalas con pebre o queso derretido.
Sugerencias
- Usa aceite bien caliente para que las sopaipillas queden crocantes y no absorban demasiado aceite.
- Si quieres una versión menos grasosa, hornea las sopaipillas a 180°C durante 15 minutos o hasta que estén doradas.
- Deja reposar la masa por 10 minutos antes de estirarla para que sea más fácil de trabajar.
Apto para estas dietas:
- Vegetariana: No contiene ingredientes de origen animal.
- Vegana: Si se sustituye la chancaca por otro endulzante vegetal.
- Sin lactosa: No contiene lácteos.
Cada vez que preparo estas sopaipillas, inevitablemente pienso en mi papá. Más que una receta, me dejó un recuerdo que sigue vivo cada invierno, cuando el olor de la chancaca y la canela vuelve a llenar la cocina. Compartirla aquí es una forma de mantener viva esa tradición familiar y de invitarte a crear tus propios recuerdos alrededor de la mesa.
Ojalá esta receta también encuentre un lugar especial en tu hogar. Porque, al final, las mejores recetas no son solo las que quedan más ricas, sino las que nos reúnen con las personas que queremos.



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